viernes, 15 de diciembre de 2023

"El Sable desde la Antigüedad hasta el Renacimiento"

 El Sable desde la Antigüedad hasta el Renacimiento

(Publicado en el catálogo de la Exposición "Sables del Museo del Ejército" en 2005)

"Dentro del amplio abanico que, en cuanto a tipologías morfo-estilísticas encontramos en la gran familia de las armas blancas, en la cual la espada representa el papel protagonista,  el siguiente papel en cuanto a importancia se refiere, se lo debemos adjudicar sin duda alguna al sable.

Dicho vocablo, nos induce de forma automática, a visualizarlo como armamento indiscutible del arma  de Caballería o de la Marina, enclavándole en un marco cronológico, que aunque antiguo desde nuestra perspectiva actual, no hace justicia en absoluto a sus verdaderos orígenes ni historia. Dicha historia que se iniciará como una subcategoría de la espada, arma blanca por excelencia, correrá de forma paralela al desarrollo de la misma durante un breve periodo de tiempo, para posteriormente escindirse, formando una de las más importante familias de armas blancas existentes, tomando incluso el relevo, ya en tiempos modernos, a su gran predecesora en el armamento portátil del soldado.

El concepto del Sable, vamos a sintetizarlo como un arma blanca, cuya hoja presenta una arquitectura curva, frente a la hoja recta de la espada. En dicha arquitectura curva, predomina la existencia de un único filo al exterior de la misma lo que facilita la penetración y trayectoria del corte, siendo por tanto un arma diseñada exclusivamente para tal fin.  Este concepto aún sentando las bases en cuanto a su diseño se refiere, presenta algunas excepciones de las que hablaremos posteriormente.

 El origen del sable como el arma que conocemos, tema ampliamente discutido por los expertos, y tradicionalmente situado en el marco oriental de tradición islámica, debemos buscarlo en los pueblos de la Europa balcánica como los Magiares (1) una tribu nómada procedente del Alto Volga y que controlaba buena parte de los territorios de la actual Hungría durante los inicios de la Alta Edad Media. Aunque, no obstante para ser coherentes con la descripción dada, debemos retroceder varios siglos en busca de las primeras armas usadas por los pueblos primitivos, que se ciñeran a los preceptos de hoja curvada provista de un solo filo.

Sin duda, el descubrimiento de los metales, así como su forma de trabajarlos, supuso un gran avance en la incipiente industria armamentística, al sustituir de forma fehaciente el material lítico, hasta entonces dominante en la fabricación de armas y herramientas. El metal proporcionaba no solo un elemento más resistente en dicha fabricación, sino que ofrecía aparte la posibilidad de reutilizar las piezas rotas o deterioradas, circunstancia esta prácticamente imposible en las formas anteriores. El inicio de esta importante etapa, surgirá con la obtención del cobre a partir del mineral, fabricándose distintos utensilios con él, pero debido a su falta de dureza en estado puro, pronto hubo que implementar diversas formas de endurecimiento, originalmente mediante la técnica de batido del material.

No cabe duda que el desarrollo del horno metalúrgico, posiblemente a partir de un horno de cerámica, supuso el segundo gran avance en la producción de armas y utensilios, proporcionando la posibilidad de utilizar distintos aditamentos que como el arsénico o el estaño, una vez añadidos al cobre, producían una mayor resistencia en el conjunto final, además de permitir nuevos diseños morfológicos, que mediante las técnicas de batido anteriores, eran imposibles de obtener.

Este nuevo material conseguido, significará un gran avance en esa incipiente industria, dando lugar a una de las primeras y muy importantes etapas de fabricación de armas en metal de la antigüedad, la denominada Edad del Bronce. Durante este importante periodo cronológico, van a surgir infinidad de formas y diseños en cuanto al armamento se refiere, en función de los logros alcanzados en materia de fundición y nuevas aleaciones. La mayor parte de estos diseños, representan arquitecturas de hoja recta y doble filo corrido, con lo que no vamos a detenernos mucho más en su descripción.

Una de las primeras muestras documentadas en cuanto a un arma de hoja curva fabricada en cobre, es posiblemente el conocido como Kopis (2), arma dotada de un filo en forma de hoz, con la cual se armaban los egipcios en la antigüedad, y que se halla profusamente representada en relieves y pinturas.

Como ya indicábamos anteriormente, la relativa escasa dureza que presentaba el cobre en su estado puro, provocó el desarrollo de nuevas tecnologías en materia de fundición, que condicionaron el armamento de los ejércitos de la antigüedad, dándose el paso definitivo con el descubrimiento del hierro.

El descubrimiento del hierro, supone el inicio de la segunda gran edad en la fabricación del armamento portátil. Los primeros en usar el nuevo metal en el desarrollo y fabricación de sus espadas, fueron el imperio Hitita, quedando claramente de manifiesto su superioridad frente al resto de los antiguos materiales como el cobre o el bronce, en sus interminables luchas contra los egipcios, en las cuales la dureza y tenacidad de las espadas de hierro, causaban estragos frente a los Kopis de cobre. En siglos posteriores hacia el año 1200 a.C. el desmembramiento de dicho imperio, supone la transmisión de los secretos de fundición por todo el oriente próximo. De esta forma y usando como base los antiguos diseños de espadas y dagas realizadas en bronce, va a surgir hacia principios del siglo XI y finales del  IX a.C. una nueva serie armas blancas realizadas en el nuevo metal. De ellas las más antiguas halladas son las de los valles altos de Luristan, región fronteriza entre los actuales Irán en Irak.  Sabiendo pues que el conocimiento y desarrollo del hierro surge en oriente, debemos suponer que su transmisión a Europa se realizase a través del Mediterráneo, y de esta manera se tuviesen los primero contactos en la península ibérica, mucho antes incluso del descubrimiento del citado metal en la misma.

En Europa la producción de armas de hierro aparece de forma más tardía que en oriente, siendo el yacimiento más antiguo que se conoce el de Hallstatt, que data del siglo VIII a.C. y que da nombre a la primera Edad de Hierro. El citado yacimiento, formado por una gran necrópolis situada en un valle de los Alpes, en el Tirol Austriaco cercano a las minas de sal de Hallstatt, presenta una gran riqueza artística, mostrando espadas de gran longitud, cercana a los 140 centímetros, aunque en este caso concreto, la arquitectura de sus hojas es la línea recta de doble filo corrido. De esta primera edad existen pocas muestras en la península ibérica, salvo en el noroeste, donde aparecen algunos puñales de los denominados “de Antenas”, correspondientes al final de este periodo.

Varios siglos habrán de transcurrir, hacia mediados o finales de la segunda Edad del Hierro, en el periodo conocido como “La Ténne”, para encontrar precisamente en la península ibérica lo que podríamos considerar como el antecesor del sable.

Quizás una de las muestras más antiguas que podemos citar, sea la famosa Falcata Ibérica, hacia el siglo IV a.C. la Falcata, arma por excelencia del guerrero ibérico tanto a pie como a caballo, en cuyo original diseño el filo se curva hacia el interior, provocó no pocos quebraderos de cabeza a la importantísima máquina de guerra romana, obligando a reforzar sus escudos y tácticas de combate como cita Polibio (3) en sus crónicas. Este modelo primigenio está ampliamente documentado, apareciendo en múltiples yacimientos en la península, bien en modelos físicos muchas veces encontrados en enterramientos, como representado en estelas (4). El origen de su peculiar diseño, aún no está muy claro, tratándose,  según algunos autores, de una evolución del anteriormente citado Kopis egipcio, aunque Homero en su Iliada, narra como los guerreros griegos portaban un tipo de espada prácticamente idéntica, denominada Machaira, y que aparece en infinidad de representaciones de época, principalmente en cerámica. La Falcata aún considerada como una espada, es sin duda uno de los más antiguos ejemplares en los cuales el diseño de su arquitectura se modifica en función de una mayor efectividad de corte, premisa principal del concepto que posteriormente daría lugar al sable como lo conocemos en la actualidad.

El desarrollo de las armas blancas comenzará entonces una imparable carrera, en la cual las nuevas tecnologías de forja, así como el descubrimiento del acero,  van a ir conformando espadas cuyas propiedades de dureza y tenacidad producirán hojas de mayor longitud, estableciéndose la arquitectura de línea recta y doble filo como premisas fundamentales en las nuevas tipologías, teniendo que transcurrir varios siglos, para que las ventajas de la hoja curva volviesen a aparecer en los campos de batalla.

El profesor Petersen (5) en su obra, cita algunas tipologías de espada recta de un solo filo destinadas al uso principalmente de corte. Estas piezas hacen su aparición en el norte de Europa hacia principios del siglo VI de nuestra era, posiblemente como evolución lógica de los grandes cuchillos o dagas denominados “Sax”, utilizados por los pueblos sajones y vikingos del periodo de las migraciones. Estas nuevas espadas, aún manteniendo la arquitectura recta de sus hojas, abogan de forma incipiente al uso de un único filo cuya misión principal es tajar frente al uso de la punta. Estas nuevas morfologías, se irá implementando dando lugar a una corriente que se desarrollara de forma paralela a la ya clásica de doble filo corrido, y que con la posterior adquisición de la arquitectura de filo curvado, determinará, de alguna forma el patrón definitivo consistente en una hoja curva de filo corrido al exterior, es decir el Sable.

El término Sable, no se está muy de acuerdo en cuanto a su origen, proviniendo según algunos autores de los países caucásicos, en el caso del ruso y serbio en la forma “E!#9a” (sablja), del polaco “szabla”, del magyar “szablya” con apenas variaciones en el alemán “säbel”, francés “sabre”, italiano “sciabla” o en el castellano “Sable”. Sus formas curvas van a estar determinadas por la necesidad de proveer al jinete o guerrero a caballo de un arma ligera, cuya arquitectura facilite la penetración del filo sin embrazarse como ocurriría con un arma de hoja recta y pesada. Esta particularidad que la confiere como el arma por excelencia del jinete, sin duda surge tras siglos de experiencia en el combate a caballo por los guerreros de las tribus nómadas, tanto en el  este de Europa como fue el caso de los citados Magiares, como en las amplias estepas y llanuras comprendidas entre Rusia y Mongolia. El conocido como “Sable de Carlomagno”(6) también llamado “Espada de Atila”, es una de las muestras más arcaicas conservadas que responden a la nueva tipología. En este caso, la curva de la hoja es mínima, estando dotado de un filo corrido al exterior y contrafilo al interior desde prácticamente la mitad de su longitud total. Si observamos la guarnición de este sable, podemos observar que está comprendida por una corta empuñadura destinada al uso con una sola mano, así como unos cortos gavilanes de guarda, perfectamente diseñados para su uso a caballo sin presentar molestia alguna al jinete.

Uno de los pueblos guerreros que mejor asimiló el uso de la arquitectura de hoja curva, fue sin duda el japonés. Partiendo de hojas rectas de un solo filo y de influencia china, llegaron a desarrollar hacia mediados del periodo Heian (siglo X-XI de nuestra era), lo que hasta nuestras fechas se ha considerado el sable por excelencia. Los guerreros japoneses llamados Samurais, desarrollaron una de las más sofisticadas técnicas de combate a caballo, para ello debieron dotarse de largos y ligeros sables provistos de una gran curvatura, la cual facilitaba el desenvainado y el corte prácticamente en el mismo movimiento, son los conocidos popularmente como “Tachis”. Posteriormente durante los largos periodos de guerras civiles en los cuales el uso de grandes contingentes de infantería suplió a los antiguos jinetes, el uso del sable siguió su desarrollo, adecuándose a las nuevas necesidades del ejército de infantes, en la forma de un arma ligeramente más corta y pesada que aún conservando la curvatura de su hoja,  no era tan pronunciada como la de su predecesor, nos referimos a la “Uchigatana” o comúnmente “Katana”. 

Oriente ha sido por tradición sino cuna, si un importante caldo de cultivo en el cual, el sable ha encontrado la aceptación que en Europa no conseguirá hasta ya entrado el siglo XVIII, en que sustituyendo a la espada, fue designado como armamento principal del soldado. Por citar algunas de las más importantes muestras, tenemos los famosos “Shamshires” de origen persa, del cual se supone que desciende nuestro vocablo “Cimitarra”, a través de sus formas “Shamshir, o Schimir”, y que comúnmente se conocen como Alfanjes. Estas armas de pronunciado filo curvo, están provistas de empuñaduras simples, es decir de una sola mano, y con gavilanes rectos. Uno de estos ejemplares, lo podemos admirar en el Museo del Ejército de Madrid, el conocido como “Alfanje de Mehemet Alí”(7), del que hablaremos posteriormente. De esta misma familia son los “Kilij” otomanos, prácticamente idénticos a excepción del pronunciado contrafilo existente en la punta y conocido como “Yelman”.

En Europa, como ya dijimos, el desarrollo del sable, va a surgir como sub-categoría de la espada, llegando a escindirse y formar una línea evolutiva paralela a ésta hasta su solapamiento ya en época moderna. De las antiguas formas descritas por Petersen, evolucionadas del Sax o Scramasax, surge hacia mediados del siglo XIII un tipo de sable de hoja ancha y ligera curvatura de la misma, el denominado “Falchión” conocido en España como “Bracamarte” del francés “Braquemart”. Este importante espécimen cuya ancha hoja se presenta en varias longitudes, tiene uno de sus más antiguos exponentes en el Apocalipsis de hacia 1300 (8), que el profesor Oakeshott reseña en su obra. En España podemos verlo representado ampliamente en las Cantigas del Rey Sabio, siendo uno de los ejemplares más antiguos que se conserva el “Falchion de Puente Genil”(9), de mediados del siglo XIV. Este tipo de arma ampliamente documentado en ilustraciones del renacimiento italiano, ha sido habitualmente utilizado para designar de forma gráfica a los bárbaros procedentes del este en las citadas obras.

Otros ejemplares europeos de gran relevancia, son los denominados “Sables Suizos” (Schweizersäbels) de una mano o mano y media, con la particularidad de la aparición del aro guardamanos en sus guarniciones, como protección de los nudillos de la mano, hacia principios del siglo XVI. En la misma línea tenemos los llamados “Dussage”, emparentados con las guarniciones de farol de origen escocés, en este caso con guarnición de vela, en el mismo marco cronológico y situados principalmente en la zona norte de Europa, Alemanía, Austria y Escandinavia. Por último citaremos los grandes sables alemanes y suizos de dos manos, los “Zweihänder säbels” o Grosse Messer”, conservados en el Kunsthistorisches Museum de Viena, y ampliamente representados en multitud de ilustraciones como armamento de los mercenarios Lansquenetes.

 Las técnicas de uso del sable al igual que la espada, se encuentran fielmente reproducidas en múltiples tratados de la antigüedad, siendo probablemente una de las más antiguas que se conoce la de Joachim Meyer datada en 1570".


(1) Magyares:(Hijos de la Tierra), se trata del pueblo más importante  del antiguo reino de Hungría, pertenecientes a la rama “ogra”. Vivieron en un principio en los Urales, en donde residen aun. Durante el periodo de su nomadismo fueron vecinos de los turcos que influyeron en su lengua y costumbres. Mezclados más tarde con los germanos y eslavos, se convirtieron al cristianismo, siendo baluarte de la fe cristiana occidental contra los turcos.

(2) Kopis, Khrobi, Khopsh. Cameron Stone, G. / A Glossary of the Construction, Decoration and use of Arms and Armor in all Countries and in all Times.

(3) Político e historiador griego nacido hacia 210 a.C. entre sus obras destacan el relato de la Guerra de Numancia.

(4) Por citar alguna de las más importantes muestras de falcatas, nos referiremos a la célebre “Falcata de Almenedilla”, una de las piezas mejor conservadas en la cual es posible apreciar su arquitectura original de filo curvado al interior y ligero contrafilo en la punta. En cuanto a las representaciones en relieves la  denominada “Estela de Osuna” en la que se aprecia con gran realismo un guerrero ibérico de perfil, empuñando una falcata en una mano y un escudo en la otra. Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

(5) Petersen, Jean. / The Norvegian Viking Swords, 1919.

(6) Seitz, Heribert. / Blankwaffen I / Säbel Karls des Grossen.

(7) M.E.M. nº 24.912

(8) Oakeshott, Ewart / Archaeology of Weapons

(9)  Museo Arqueológico de Córdoba.